martes, 16 de abril de 2013

Capítulo 54.


Luego de un largo y hermoso abrazo nos separamos, lo mire, me miro y sonreímos, apostaba a que me veía un poco tonta.
Pedro: queres ir a algún lugar para almorzar? -me pregunto rompiendo el silencio, que no era incomodo pero tampoco lo contrario-
Paula: dale -dije sonriendo y él se paro, me paso su mano y me levanto-
Pedro: algún lugar en especial? -pregunto mientras caminábamos hacia donde había dejado la moto-
Paula: mmm -pensé graciosa- mac? -y el rió al instante-
Pedro: me lo imaginaba -dijo y yo reí también-
Paula: bueno deja de burlarte que a vos te encanta también -retruque-
Pedro: tenes razón -llegamos hasta donde se encontraba la moto, el me paso el casco, me lo puse, el se puso el suyo, subimos y nuevamente aceleró-
Cuando llegamos había fila pero no era tan larga para suerte nuestra, en menos de veinte minutos ya estábamos sentados en nuestra mesa almorzando, mientras comíamos hablamos como siempre, de mis cosas, sus cosas, mis clases de patín, sus clases de guitarra, casi todo era igual, y eso me hacía dar cuenta que desde hace semanas ya no era un trato de amigo-amiga, era más que eso, más profundo. Ahora la única diferencia era que estábamos ambos seguros de que amigos ya no éramos, si no algo mas, y hasta llegaría a decir que mejor.
Al terminar pedimos helados de postre, y cuando acabamos con ellos también, Pedro me llevo hasta casa.
Paula: nos vemos Pepe -dije mientras me sacaba el casco-
Pedro: hoy? -pregunto entre tímido y gracioso-
Paula: dale, pero me vas a engordar con tanto helado, pensemos en otra cosa, tipo frutas, si, vamos a comprar manzanas -dije graciosa y el rió a la par mío-
Pedro: manzanas serán -se acerco y me dio un beso en la comisura de mis labios, yo sonreí como tonta-
Paula: chau -le dije y entre a mi casa-
"Con Flor te esperamos, ahora en su casa, ya, besitos" -encontré el mensaje cuando llegue a mi habitación, lo había mandado hace quince minutos-
"Estoy a tiempo?" -respondí quitándome los calzados, buscando ropa, por si respondía que si-
"Por supuesto" -recibí la respuesta inmediatamente-
No paso mucho que ya estaba llegando a la casa de Flor, luego de avisarle a mama que salía de nuevo, toque timbre y como era de esperarse de inmediato me abrieron, ambas llenándome de preguntas. Zaira se había encargado de contarle un poco lo del último día, un peso menos. Pero estoy segura que no me van a dejar en paz hasta que les cuente lo de hoy.
-Paren locas -dije ya que desde que había llegado (aproximadamente cinco minutos) no paraban de llenarme de preguntas-
-Helado mientras charlamos? -pregunto Flor y nosotras asentimos con gusto (aunque yo haya probado un poco antes, no me negaría a tal invitación)-
Llevamos el pote de helado a la habitación de Flor y nos pusimos a hablar, en realidad yo, les contaba todo lo que paso hoy, volví a repetir con detalles lo de ayer, los mensajes, todo. Y también recibí consejos y apoyo de parte de ellas, como siempre.
Ya eran casi las cinco y yo me despedí de ellas ya que tenía las clases de patín, si, eran todos los días, hora y media, muy exigentes, pero lo amaba, y eso era lo único que importaba.
A penas llegue a casa subí a ducharme lo más rápido que pude, hoy llegaría tarde, ya lo tenía asumido, pero eso no significaba que no tenga que apurarme.
Lo más rápido que pude me vestí, y esta vez le pedí a mi papá que me llevara, no era lejos, pero ahora que estaba tarde lo necesitaba.
Gracias a mi suerte habían comenzado hacía cinco minutos antes, ya que una de las compañeras tuvo un percance antes de comenzar la clase y se robo el centro de atención (solo por así decirlo).

***
Agotada en el banco de siempre, esperándolo, pensando en cómo habían cambiado las cosas de un día para otro, pensando en cómo me encontraba ayer, y como me encuentro hoy. Mucha diferencia tampoco hay, pero si se dé una de las diferencias es que estaba más segura de lo que sentía por Pedro, y él por mí.
El sonido de un motor interrumpió mis pensamientos, y supuse que era él, y así lo fue, estacionó, se quito el casco y me sonrió, yo hice lo mismo mientras me paraba e iba junto a él, en el corto camino hasta donde se encontraba iba pensando en cómo saludarlo, si con un beso en la mejilla, o en la boca, o como me saludaría él, no quería quedar en evidencia, pero tampoco quería que sea él el que se quede con ella.
Y cuando llegue, solo atine a abrazarlo, eso era mejor que todo, pensé.
“Puedo besarte?” susurró en mi  oído izquierdo, cosa que provoco escalofríos por todo mi cuerpo, era tierno, y mucho.
Yo me separe y le asentí tímida, el poso sus manos en mis mejillas y me llevó más hacia él para luego besarme dulce y pausado.
Y tanta era la vergüenza (si, aún tenía vergüenza, creo que era obvio, y si no, así es) que me hundí en su cuello después del beso mientras él me abraza por la espalda.
Pedro: sos muy tierna  -dijo aún abrazándome y yo estando aún escondida en su cuello-
Paula: soy una tonta –logre responder-
Pedro: vas a quedarte más tiempo ahí o vamos por unas manzanas? –dijo gracioso y yo largue una carcajada y me separe-
Paula: en realidad lo de manzanas era chiste –dije y reímos- un café? Solo por hoy, es que cuando llegue a casa fui directo a la casa de Flor y las chicas me invitaron helado, y bueno, no pude resistirme –dije graciosa-
Pedro: bueno dale, vamos –dijo pasándome el casco y poniéndose el suyo, yo asentí mientras me subía a la moto y me sujetaba con las manos entrelazadas a la cintura de él-

Llegamos al coffee, yo pedí un cortado, Pedro también y ambos lo acompañamos con macitas.
Era uno de esos lugares donde iba más a menudo de esa gente que salía del trabajo, de máximo 25 años. Y con Pedro nos burlábamos por estar ahí, estar con él era divertido y mucho.
Se nos paso el tiempo así, divirtiéndonos, burlándonos de la gente que estaba ahí, y también de nosotros, porque decíamos que así estaríamos también acá dentro de años y otros jóvenes se burlarían de nosotros.
Se estacionó frente a mi casa, y esta vez creo que ambos decidimos “jugarnos” y nos despedimos con un beso, por suerte estuvimos de acuerdo sin saberlo y no hubo “desencuentros”.
Cuando pase el umbral de la puerta de entrada y camine un poco más hasta llegar a la cocina vi a mi mamá y papá tomando mates, como casi todas las tardes, amaba verlos juntos y felices. Los salude con un abrazo y me quede con ellos por un rato charlando (más de sus cosas que de  las mías, creía y creo que aún no es el momento de contarles lo de Pedro).
Subí a mi habitación, me volví a duchar y luego me acosté en la cama comenzando a hacer zapping, deje en una serie americana de esas graciosas que me llamó la atención.
Luego no se cuento paso que ya me encontraba de nuevo en mi cama, luego de haber tenido una linda cena en familia, esta vez para acomodarme en la almohada y disponerme a dormir. 

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